lunes, 27 de julio de 2015

Silencio

   Apagué la luz y me desconecté del mundo. Sólo la música lo llenaba todo. Subí el volumen al escuchar a Simon & Garfunkel, "Los sonidos del silencio".
   "Hello darkness, my old friend".
   Hola oscuridad, vieja amiga..., amiga que permanece, que està aunque no la busques, compañera de siempre y a la que siempre vuelves...
   La música me hace retroceder en el tiempo, y a la vez me hace ver que todo sigue igual.
   "In restless dreams I walked alone".
   En sueños sin descanso caminé solo..., tras ese sueño, más allá de la realidad.
   Las fuerzas flaquean, es hora ya de abandonar todo sueño...
   "People talking without speaking,
People hearing without listening.
   People writing songs that voices
never share.
   And no one dared disturb the
sounds of silence".
Gente hablando sin conversar,
Gente oyendo sin escuchar.
Gente escribiendo canciones que las voces jamás compartirán
Y nadie osó molestar a los sonidos del silencio.
   Y, tras acabar los últimos acordes, todo quedó en silencio..., no fuí capaz de escuchar nada más, yo tampoco osé molestar a los sonidos del silencio.

sábado, 25 de julio de 2015

Sentir...

   Cada día espero algo nuevo,
una sonrisa, una mirada,
una frase, un gesto.
   Cada día vuelvo al principio,
a las dudas, al silencio,
al olvido, al olvido...
   Si en alas del viento
encontrara un hueco,
si volar tan lejos pudiera,
solo un momento,
solo un segundo,
por sentir, por sentir...

jueves, 9 de julio de 2015

De vez en cuando la vida

De vez en cuando la vida
nos besa en la boca
y a colores se despliega
como un atlas,
nos pasea por las calles
en volandas,
y nos sentimos en buenas manos;
se hace de nuestra medida,
toma nuestro paso
y saca un conejo de la vieja chistera
y uno es feliz como un niño
cuando sale de la escuela.
De vez en cuando la vida
toma conmigo café
y está tan bonita que
da gusto verla.
Se suelta el pelo y me invita
a salir con ella a escena.
De vez en cuando la vida
se nos brinda en cueros
y nos regala un sueño
tan escurridizo
que hay que andarlo de puntillas
por no romper el hechizo.
De vez en cuando la vida
afina con el pincel:
se nos eriza la piel
y faltan palabras
para nombrar lo que ofrece
a los que saben usarla.
De vez en cuando la vida
nos gasta una broma
y nos despertamos
sin saber qué pasa,
chupando un palo sentados
sobre una calabaza.
   Joan Manuel Serrat.

martes, 7 de julio de 2015

Muy buena cita...

   "La única persona que necesitas en tu vida es aquella que te demuestre que te necesita en la suya".

        Oscar Wilde.

jueves, 4 de junio de 2015

Cosa

   Me llamo Cosa y soy libre. La libertad tiene un precio muy alto, pero no me importa pagarlo. A veces paso hambre y frío, ya me acostumbré a ello.
   Vivo en un pueblo pesquero del Cantábrico, durante el día suelo buscar un lugar tranquilo para reposar. Al caer la tarde me acerco al puerto, donde retornan los barcos cargados de peces. Como dirían los humanos, "me busco la vida". Las gaviotas lo tienen más fácil. Los pescadores arrojan al mar los peces más deteriorados, o pequeños que no pueden poner a la venta. Los pesqueros entran en el puerto con una nube de gaviotas a su alrededor esperando su almuerzo.
   Soy gato. Para mí es un poco más difícil buscarme el sustento, sobre todo porque ya no hay cubos de basura, y los contenedores están cerrados con una pesada tapa.
   Pero me las ingenio, sobre todo en verano, cuando, en los restaurantes sacan sus mesas a la calle y la gente cena al aire libre. Yo busco una víctima, me siento enfrente y lo miro fijamente, a veces maúllo para llamar su atención, o paso mi lomo por sus piernas, generalmente siempre me dan algo de delicioso pescado. Pero debo tener cuidado que no me vean los camareros..., alguno ya me echó a patadas.
   Pero no siempre viví en la calle. En una ocasión un niño me recogió de dentro de una caja y me llevó a su casa. Me llamaba Tico, así que yo no le hacía mucho caso, ¡me llamo Cosa!, le habría dicho, de haber podido. El niño se empeñaba en querer jugar conmigo como si fuera un perro, me lanzaba una pelota para que yo se la trajera, yo miraba impasible, quieto. Entonces, él se enfadaba y me tiraba del rabo. Un día me harté y le arañé la cara.
   Su padre me agarró por la piel del cuello y me lanzó por la ventana.
   Dicen que los gatos siempre caemos de pié, sí, caí de pié, después de herirme con las ramas del árbol que atravesé.
   Aturdido entré en un portal y me acurruqué en un rincón a lamerme las heridas. Tras de mí entró Marcela, una anciana que vivía en el bajo, me recogió del suelo y me llevó a su casa. Allí me curó y me puso de comer. Me compró un cesto con un cojín, nunca había estado tan bien. Pero la generosidad de Marcela abarcaba a más congéneres míos, y poco a poco ví llenarse la casa de gatos. Ya no me sentía especial, era uno más, y la comida y la cama eran para el primero que llegaba. Al principio me peleé con alguno de ellos, pero decidí que era mejor escapar, a fín de cuentas Marcela ya ni me echaría de menos. Y de nuevo salí por la ventana, pero esta vez salté por mi cuenta, y como era un piso bajo, no me hice ni un rasguño.
   Llovía, los coches corrían a gran velocidad por la calzada levantando charcos que a mí se me hacían enormes. Un coche dió un frenazo y paró en seco. El conductor bajó deprisa y me metió dentro del auto. Su casa estaba cerca, aparcó el coche y me tomó en sus brazos. Ya dentro de casa me secó y me dió un poco de leche. Al día siguiente me compró comida de gato en el supermercado, un collar con un cascabel, y un cajón con arena, que colocó en el cuarto de baño.
   Fran era notario, trabajaba en casa, estaba la mayor parte del día en su despacho. Su vida era monótona y aburrida. Su mujer y su hijo fallecieron en un accidente de tráfico, y desde entonces era como si estuviera muerto en vida. Ni siquiera mi llegada hizo que saliera del ostracismo en el que se hallaba. Solo trabajaba, como queriendo llenar un espacio y un tiempo que siempre seguía vacío.
   Me ignoraba. Yo me acercaba a él y no me veía, creo que ya nadie podía hacer nada por devolverle a la vida. De nuevo decidí irme. Pero las ventanas siempre estaban cerradas, además era un noveno piso.
   Durante el día los clientes entraban uno tras otro. Me senté justo en la puerta de salida y esperé. Una pareja salía del despacho y se dirigía a la puerta. Me arrimé a la pierna de la señora y salí, bajé los nueve pisos corriendo por la escalera, esperando no cruzarme con nadie. Abajo el portal estaba cerrado..., el tiempo se me hizo eterno, hasta que, al fín, llegó el cartero que llamó al portero automático. Al abrir la puerta salí como un rayo.
   Y desde entonces, nunca más dejé que nadie me "salvara" de esta vida de gato callejero.
   Yo solo tuve un amo, por así decirlo, un padre, diría yo. Se llamaba Xavi, era un vagabundo que solía pescar en el malecón del puerto. Un día, cuando ya caía la tarde, vió un yate que salía del puerto. Un hombre arrojó una caja al agua y después el yate desapareció a gran velocidad. Xavi lanzó su caña a la caja y la enganchó por un extremo. La caja se volteó y su contenido cayó al mar..., cuando consiguió traerla a la orilla, Xavi subió la caja, casi estuvo a punto de volver a tirarla, al creerla vacía, entonces maullé. Débilmente. Xavi abrió aquella caja que creía vacía, y en un rinconcito, asustado estaba yo.
   Dicen que hay que esterilizar a los gatos, para que no se propaguen, por eso ya casi no hay gatos vagabundos. Mi madre no estaba estirilizada. Se escapó una noche. Mis hermanos y yo éramos un problema, no nos podían mantener. Así que nos tiraron al mar. Todos murieron menos yo. Xavi, al abrir la caja dijo ¿que cosa es ésto?. Por eso me llamo Cosa, me gusta mi nombre. Con Xavi fuí feliz, crecí a su lado, jugaba conmigo, me quería y eso se notaba. Nunca más sentí que me quisieran mis otros "amos".
   Pero Xavi murió. Le dió un infarto en la calle, entre sus cartones. Vino una ambulancia y se lo llevó. Yo quedé en aquella caja de cartón donde después algún niño me recogió...
   Y ahora comprendo, con el tiempo, lo que aprendí con mi padre. Él era libre en la calle. Ahora saboreo como él cada momento, sabiendo que puede ser el último.
  

sábado, 30 de mayo de 2015

Feria del libro Madrid 2015.

   


   Este año el lema de la Feria del Libro en su 74 edición es: "El amor está en lo que tendemos / (puentes, palabras)",  responde a los dos versos iniciales de uno de los poemas incluidos en el poemario Breve, son de José Ángel Valente, un poeta del que se conmemora el quince aniversario de su muerte en 2015.
   El cartel, creado por el artista madrileño Fernando Vicente, plasma el "amor por los libros" y representa, en palabras de su autor, "el flechazo que recibimos cuando la lectura nos atrapa y llegamos a pensar del libro que tenemos en la mano que alguien lo escribió para nosotros".

   El amor está en lo que tendemos
(puentes, palabras ).
   El amor está en todo lo que izamos
(risas, banderas).
   Y en lo que combatimos
(noche, vacío)
por verdadero amor.
   El amor está en cuanto levantamos
(torres, promesas).
   En cuanto recogemos y sembramos
(hijos, futuro).
   Y en las ruinas de lo que abatimos
(desposesión, mentira)
por verdadero amor.
José Ángel Valente
"Breve son"   1968

Cantares.

  Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.
  Nunca persequí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.
  Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse...
  Nunca perseguí la gloria.
  Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
  Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
  Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...
   Antonio Machado.
   


  Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."
  Golpe a golpe, verso a verso...
  Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."
  Golpe a golpe, verso a verso...
  Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."
  Golpe a golpe, verso a verso.
   Joan Manuel Serrat.



   Me gusta Serrat, pero en esta ocasión prefiero la versión de Miguel Rios.

   ¡Saludos!.