domingo, 19 de junio de 2016

Mérida


El Teatro romano de Mérida es un teatro histórico levantado por la Antigua Roma en la colonia Augusta Emerita, actual Mérida. Su creación fue promovida por el cónsul Marco Vipsanio Agripa y, según una fecha inscrita en el propio teatro, su inauguración se produjo hacia los años 16-15 a. C. «Príncipe entre los monumentos emeritenses», como lo denominó José Menéndez-Pidal, arquitecto que dirigió su reconstrucción desde 1964, el teatro es Patrimonio de la Humanidad desde 1993 como parte del Conjunto arqueológico de Mérida.
El teatro ha sufrido varias remodelaciones, la más importante hacia el año 105, en época del emperador Trajano, cuando se levantó el frente escénico actual, y otra en época de Constantino I, entre los años 333 y 335. El teatro fue abandonado en el siglo IV d. C. tras la oficialización en el Imperio romano de la religión cristiana, que consideraba inmorales las representaciones teatrales. El edificio fue cubierto de tierra y durante siglos su única parte visible fue la summa cavea, las gradas superiores, que fueron bautizadas por los emeritenses «Las Siete Sillas». Las excavaciones arqueológicas en el edificio comenzaron a principios del siglo XX y desde 1933 el teatro alberga la celebración del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. En 2007 el teatro fue nombrado uno de los 12 Tesoros de España.

jueves, 2 de junio de 2016

Acueducto de Segovia


Único y magnífico, el Acueducto de Segovia es una de las más soberbias obras que los romanos dejaron repartidas por su vasto imperio. Fué construido para conducir hasta Segovia el agua de la Sierra, es símbolo heráldico de la ciudad y su construcción fue atribuida al diablo por la leyenda.
   La leyenda dice así:
Hubo un tiempo en el que la zona alta de la ciudad de Segovia no tenía fácil acceso al agua. Para poder conseguirla, los habitantes tenían que realizar un gran recorrido para poder traer el agua de las fuentes en la zona exterior de la ciudad.
Una joven criada, tenía que llevar cada día agua a la casa en la que servía en lo alto de la ciudad, para lo que tenía que bajar a cuestas con el cántaro a la zona baja donde se situaba la fuente, para luego hacer el camino de subida con el cántaro lleno.
Un día la joven criada, sumida en la desesperación, a mitad de camino, exclamó en alto: «Daría lo que fuera porque el agua llegara sola a las puertas de la ciudad para no tener que volver nunca a recorrer este camino». Entonces una voz melodiosa tras ella le respondió: «¿Estás segura de que darías cualquier cosa a cambio de que el agua llegara a las puertas de tu ciudad?». La joven se dio la vuelta asustada y se encontró con un hombre apuesto, al que respondió que sí sin dudarlo ni un momento, ya que pocas eran las pertenencias que tenía que pudieran interesarle al hombre.
Entonces el hombre le pidió algo que la mujer sí que poseía: su alma a cambio de hacer que el agua llegara directamente hasta las puertas de la ciudad. En el momento de bajeza, la joven pensó que el alma era algo que de poco le valía, por lo que aceptó sin dudarlo. Entonces, se percató de una rara sonrisa en la cara del extraño, por lo que antes de estrechar la mano con este y sellar el trato, la joven añadió que sólo le daría su alma si era capaz de hacerlo antes de que el primer rayo del sol brillara a la mañana siguiente. Tras cerrar el trato con un apretón de manos, el hombre se desvaneció ante sus ojos, y la joven continuó su camino a por agua pensando que todo había sido una simple fantasía causada por el gran cansancio.
La noche cayó, y la joven comenzó a dar vueltas en la cama sin poder dormir. No paraba de pensar en el extraño encuentro que había tenido al bajar a la fuente por la mañana, así que se levanto y fue a dar un paseo para airear la mente. Pero su sorpresa fue mayúscula cuando se asomó al mirador junto a la puerta de San Juan y observó como el extraño que había conocido esa mañana estaba envuelto en llamas y dando órdenes a cientos de diablos, dirigiéndolos en la construcción de una estructura que la joven no tardó en identificar con un conducto para llevar el agua a lo alto de la ciudad.
La obra continuó toda la noche, durante la cuál la joven no paró de rezar a Dios arrepentida por su trato con el diablo y pidiéndole que no dejara que el diablo se llevara su alma, sin obtener respuesta alguna. Cuando toda la construcción estaba prácticamente finalizada, el hombre en llamas y todos sus ayudantes comenzaron a celebrar la victoria mientras llevaban la última piedra al hueco, y justo en el momento que el hombre en llamas iba a ponerla, el primer rayo de sol golpeó su cara.
El diablo, indignado con su derrota, abandonó la ciudad junto a todos sus ayudantes dejando la casi terminada construcción a sus espaldas. La joven, sorprendida por su victoria, corrió a la iglesia para confesar ante el sacerdote..En el hueco que quedó es donde está ahora puesta la estatua de la Virgen de la Fuencisla.


Las hipótesis apuntan al siglo I en la época de los Flavios, y también a la época de Nerva o Trajano. La imposibilidad de datación exacta no impide que encabece la clasificación de mejores obras de ingeniería civil en España. Sus 167 arcos de piedra granítica del Guadarrama están constituidos por sillares unidos sin ningún tipo de argamasa mediante un ingenioso equilibrio de fuerzas. Obra extraordinaria, en la que la utilidad convive con la armonía y la belleza, ha prestado servicio a la ciudad hasta fechas recientes. A través de los siglos, apenas ha sufrido modificaciones.
Sólo durante el ataque contra Segovia dirigido en 1072 por el musulmán Al-Mamún de Toledo sufrieron deterioro 36 arcos; los daños fueron restaurados en el siglo XV por Fray Juan de Escobedo, monje del Parral. Desde antiguo, existen dos hornacinas que probablemente protegían a dioses paganos, sustituidas en tiempo de los Reyes Católicos por las imágenes de San Sebastián y de la Virgen. Bajo las hornacinas existió una leyenda en letras de bronce, relativas a la fundación del puente, de la que hoy sólo queda el rastro de la inscripción.

martes, 31 de mayo de 2016

El clavel negro


   Se miró al espejo y dejó caer una tras otra todas sus máscaras. El suelo se cubrió de rostros inexpresivos de distintos colores. Se miró de nuevo y tocó su cara para comprobar que era de piel, no de látex. No se reconocía... demasiado tiempo ocultándose. Sintió algo de miedo. Se agachó y tomó una de las máscaras, se la colocó de nuevo y sintió alivio.


   El clavel negro
   Lo encontré tirado en la calle. Estaba viejo, apenas un tallo amarillento, pero con raiz. Miré hacia arriba. De una terraza colgaba gran cantidad de claveles rojos, brillantes, los quise contar y perdí la cuenta. Me fuí a casa y planté aquel tallo con la esperanza de poder tener algún día tan bellos claveles. Lo puse en una jardinera grande, para que pudiera desarrollarse bien y lo fuí regando a diario. Paulatinamente el tono se tornó verde oscuro y comenzaron a brotar nuevos tallos. De uno de ellos, del más grande, comenzó a apreciarse un pequeño capullo. ¡No podía creerme que fuera a florecer tan pronto!
   La espera fué larga, pues el capullo crecía muy lentamente y yo tenía muchas ganas de ver aquel primer clavel rojo brillante.
   Una mañana, al acercarme como todos los días a la jardinera, ví con asombro una flor de pétalos negros. Deslicé mi mano a lo largo del tallo para comprobar que éste pertenecía a los claveles. Efectivamente, era un clavel de color negro. No podría describir mi reacción, estaba decepcionada y a la vez me sentía privilegiada por tener un ejemplar único.
   Ese fué el único clavel que floreció el primer año. Cuando empezó a marchitarse, le quité uno de sus pétalos y lo metí dentro de un libro. Suelo hacer eso con las flores que me gustan, es una manera de perpetuarlas.
   Al año siguiente, la planta creció con más fuerza y pronto se llenó de flores negras. Solía sentarme un rato junto a la jardinera y pasar mi mano sobre los claveles, parecían transmitirme energía. A mediados del verano, una mañana, al regar los claveles ví en el centro una flor roja. Parecía diferente a las otras y no solo por el color. Me acerqué para tocarla y me pinché con las espinas de su tallo. ¡Era una rosa!. Sorprendida seguí la trayectoria de ese tallo, con cuidado de no volver a pincharme, y descubrí que estaba unido al tronco principal de los claveles. No era un rosal aparte.
   En los días sucesivos, el rosal fué ganando terreno a los claveles, cada vez había más rosas rojas que claveles negros. Se diría que la planta mutaba por momentos, hasta tal punto, que al final del verano se había transformado enteramente en rosal. Ya no quedaba ninguna hoja de clavel, ni ninguna flor negra.
   En el mes de Enero podé el rosal, como todos los demás. Después lo saqué de la jardinera y lo prasplanté junto a la puerta, allí crecería mejor, a la vez que sus flores lucirían más.
   A la siguiente primavera, el rosal empezó a retoñar de nuevo. Pronto se llenó de nuevos tallos verdes y fuertes, parecía que la nueva ubicación le había favorecido. En poco tiempo se cubrió de rosas rojas, y nuevos tallos, que yo iba guiando alrededor de la puerta, formando un arco de olorosas flores. Nunca había visto crecer tan rápido un rosal. Estaba tremendamente feliz.
   Pero había algo que extrañaba. Entré en casa y busqué un libro de la biblioteca. Abrí sus páginas por el centro y con cuidado, saqué un pétalo negro. Era todo cuanto me quedaba de aquella extraña planta que se transformó en mi rosal preferido. Lo toqué con extrema suavidad, cuidando de no romperlo. Necesitaba sentir aquella energía de nuevo, cerré los ojos y respiré profundo. Luego volví a meter el pétalo en el libro y lo devolví a su sitio.

domingo, 22 de mayo de 2016

La Manga del Mar Menor


La Manga del Mar Menor es un cordón litoral situado en el sureste de la península ibérica en la comunidad autónoma de la Región de Murcia y, tras su urbanización en la segunda mitad del siglo XX, es un centro turístico de gran importancia.
Pertenece a los municipios de Cartagena en su parte sur, hasta Calnegre y Monte Blanco, y a San Javier en su parte norte. El istmo al norte del canal del Estacio es un espacio protegido denominado salinas y Arenales de San Pedro del Pinatar que da continuidad al cordón litoral y forma parte del término municipal de San Pedro del Pinatar.
 Bajo el descriptivo apelativo de La Manga se encierra un curioso capricho orográfico que ha venido siendo uno de los símbolos que mejor identifican el litoral murciano como enclave turístico: un cordón extendido a lo largo de, aproximadamente, 24 km entre Cabo de Palos y la Punta del Mojón, que pone límites naturales a la laguna de agua salada conocida como Mar Menor. En su origen, lo que actualmente se conoce como La Manga del Mar Menor fue una bahía abierta al Mediterráneo; en sus extremos, escollos de rocas volcánicas fueron actuando paulatinamente como frenos de arenas y sedimentos arrastrados por las corrientes marinas, hasta conformar una columna arenosa de dunas y vegetación agreste y extensas playas bañadas por dos mares, el Mediterráneo y el Menor. La Manga es una estrecha franja de terreno cuya anchura varía entre 200 m y 1 km y medio. Está cortada por canales naturales que mantienen el contacto entre los dos mares; las llamadas golas permiten la entrada en el agua del Mediterráneo en la laguna. Como tal espacio, se mantuvo virgen hasta la década de los años sesenta, cuando se produce el "descubrimiento" de La Manga como enclave turístico, experimentando una transformación con la urbanización de la zona y la construcción de infraestructuras turísticas.

lunes, 16 de mayo de 2016

La espera

   Vuelas tan alto que apenas alcanzo a ver una leve silueta sobre el sol. Y yo, con mis alas rotas, con mis patas doloridas, aquí abajo solo puedo rascar la tierra lentamente, y recostarme en el hueco que voy construyendo dia a dia, mientras miro al cielo y te siento tan lejos que tengo miedo por primera vez de perderte en el horizonte.
   Y el hueco que construyo, cada día es más profundo, más cómodo, no siento miedo, solo espero...

martes, 3 de mayo de 2016

Estrellas

   No vengo a consolarte, ni a decirte nada. Solo a sentarme a tu lado en silencio y contemplar las estrellas. Y a abrazarte si lo necesitas. A sentir ese dolor que transmite tu abrazo y transformarlo poco a poco en serenidad y calma. Y si existe ese instante en que nuestras miradas se crucen, dejar fluir nuestras lágrimas sin miedo, sin vergüenza, vaciar la pena compartida y después, siempre en silencio, con respeto, me iré. Pero no estoy lejos, amiga, la distancia es siempre corta, mi alma vuela donde mi cuerpo no puede llegar.
   Y si me lo permites, hoy sí te daría un beso.

domingo, 1 de mayo de 2016

Mamá

   Si supiera, si fuera capaz de escribir... si hubiera aprendido a lo largo de mi vida a expresar el sentimiento más grande que tengo. Y si esa vida no hubiera arrebatado la tuya tan pronto... quizás entonces podría reconciliarme con la vida.
   Quería dedicarte algo para el día de la madre... pero ya ves... lo siento, tu ausencia sigue doliendo. Y el tiempo atenúa pero no cura.
   Yo también soy madre. Te habría gustado ver crecer a tu nieta y llevarla a la playa. Así no habría tenido tanto miedo al agua. La apunté a clases de natación...
   A veces he soñado contigo, menos de lo que quisiera. Álgo mío se fué tras de tí. Perdona si no cumplí tu último deseo... cerrar tus ojos...pero yo no estaba contigo, nunca me lo perdonaré.
   No quiero seguir... quería dedicarte algo alegre, como tú fuiste siempre. Mamá, mi mamá.