Alex era un manitas de las nuevas tecnologías. Había inventado una nueva aplicación para el móvil, un polígrafo, lo instaló en su teléfono, solo faltaba probarlo. Se suponía que al detectar una mentira, emitiría un sonido especial. Fué a ver a su hermano.
-¿Vamos juntos al concierto?. Tengo que enseñarte algo.
-No puedo, además, al final no conseguí las entradas.
El teléfono empezó a sonar.
-Parece que te llaman, contesta..., y se fué deprisa.
A continuación fué a ver a sus amigos del barrio. Estaban todos en el bar tomando unas cervezas.
-¿Teneis planes para esta noche?, ¿salimos a algún sitio?.
-No..., mañana madrugo, tengo que trabajar.
Ninguno de ellos podía por diferentes motivos.
Volvió a sonar el teléfono...
De vuelta a casa fué a ver a Miguel, su mejor amigo.
-¿Tienes algo que hacer esta noche?.
-Estudiar, mañana tengo un examen.
Alex se dió la vuelta molesto, mientras su teléfono volvía a sonar.
Ya en su casa, llamó a María, su novia, salía tarde de trabajar, y apenas se veían, solo los fines de semana.
-¿Te apetece que nos veamos un rato hoy?. Tengo ganas de salir y nadie puede.
-No, no... Estoy supercansada, tal vez mañana... Chao cariño.
Al colgar, el teléfono volvió a sonar...
Ya entrada la noche, Alex decidió salir solo. En una esquina vió a su hermano, parecía que esperaba a alguien; llegó una chica.
-Vamos o llegaremos tarde al concierto.
Y se alejaron.
El gesto de Alex se hizo más duro.
Siguió caminando, y en el parque vió a sus amigos, se subieron en sus motos y se alejaron entre risas.
Alex estaba cada vez más serio.
Los pies le llevaron a casa de María, y allí, apoyado en un árbol estaba su mejor amigo.
Alex acechaba tras un contenedor de basura.
Al rato llegó María, corriendo, se echó en brazos de Miguel y se fundieron en un beso.
Una lágrima intentó salir de los ojos de Alex, pero se contuvo.
-No importa, no importa...
Y el teléfono volvió a sonar más fuerte, Alex no podía apagarlo, intentó quitar la batería, pero se diría que estaba soldada, y el teléfono seguía sonando... Agarró una piedra y lo golpeó una y mil veces hasta que dejó de sonar.
Confundido, aturdido, decepcionado y cabizbajo, metió sus manos en los bolsillos y volvió a casa.
Desde entonces, jamás se le volvió a ver con nadie...
viernes, 11 de abril de 2014
martes, 8 de abril de 2014
Carta abierta a una sombra.
Si te mostraste diferente solo por agradar, si fuiste solo un títere en manos de otro, si en tu juventud te dejaste manipular..., si al mirarte al espejo dejaste de conocerte..., si has crecido y madurado, si necesitas reafirmar tu personalidad, si ha llegado la hora de dejar de agradar a los demás y quererte más a tí mismo, si necesitas reconocerte en el espejo. Si fuiste tirando las caretas, pero aún te quedaba una..., déjala caer ya, muéstrate como eres, que quien te quiera, te acepte así. Escapa del oscurantismo, no seas más sombra de nadie, y vuela..., ya te rebelaste, ahora espera..., todo tiene arreglo, cuando hay un vínculo real, todo se soluciona, si no, quizás no merezca la pena..., vuela libre, ya sin caretas.
Encarni.
Encarni.
domingo, 6 de abril de 2014
Los "Sin techo".
Forman parte del paisaje de cualquier ciudad. Pasan inadvertidos, como una papelera rota o una farola apagada, o ese columpio desvencijado donde ningún niño sube...
Tumbados en el suelo, sobre cartones, en los bancos más apartados, nadie les mira...
Soy de las que dice que cualquiera podría verse en esa situación por distintas circunstancias de la vida.
La Constitución Española dice que todos tenemos derecho a una vivienda digna, y a un trabajo, ¡todo mentira!, palabras vanas, verborrea de políticos.
Lo cierto es que cada vez hay más personas que, tras perder su trabajo, pierden su casa por no poder pagar la hipoteca, y no solo eso, muchos padres, que les avalaron, se ven también en la calle.
Ahora nos damos cuenta, ya no solo son vagabundos, toxicómanos, alcohólicos, los que están sin hogar, en la calle..., pero todos, todos tienen tras de sí algún drama familiar o social.
viernes, 4 de abril de 2014
Serrat
Me gusta Serrat, pero el Serrat de antes, el poeta. Tiene canciones para todo tipo de situaciones, algunas son poco conocidas, pero no por ello dejan de ser geniales.
"... Y te olvidas de aquel barquito de papel...".
"... Y te olvidas de aquel barquito de papel...".
jueves, 3 de abril de 2014
Amigos.(Más allá de la vida). Epílogo.
Caía la tarde, en un callejón oscuro, Santiago escuchó una especie de gemido, a la primera mirada no vió nada, pero el gemido era ahora más fuerte, entre unos cubos de basura encontró un perro, un labrador, estaba famélico y con heridas en las patas, se diría que había caminado durante horas, o días..., casi no podía andar, Santiago le tomó en brazos y se lo llevó a su casa. Le curó y le dió de comer. En el collar llevaba grabado su nombre, Coby...
Esa noche le costó conciliar el sueño, al día siguiente llevaría a Coby al veterinario, y definitivamente se quedaría con él.
Sintió como si unas manos agarraran las suyas, y ese contacto le despertó. Había un fuerte olor a manzanas en la habitación. Movió las manos y notó la cabeza de Coby junto a él. Estaban solos, pero Santiago miraba de un lado a otro como si sintiera otra presencia...
* * *
Santiago contemplaba una foto, pensaba como le había cambiado la vida en poco tiempo. Conoció a Érika, de la que nunca más se separó, tuvieron un hijo, Mark. Esa foto le traía recuerdos de la primera vez que volvieron a Madrid. Coby corría por el Parque del Retiro, se diría que conocía el camino, al llegar a un banco, se sentó debajo, Mark corrió y subió sobre el banco. Santiago y Érika se sentaron también. Justo enfrente, había un mimo, Mark le miraba boquiabierto, caminó hacia él, y le agarró las manos. Sus preciosos ojos color verde manzana no parpadeaban. Después el mimo se acercó al banco y les hizo esa foto. Santiago dió unas monedas a Mark para que las echara en el sombrero del mimo.
Realmente aquello sí fué un déjà vu.
Encarni.
Esa noche le costó conciliar el sueño, al día siguiente llevaría a Coby al veterinario, y definitivamente se quedaría con él.
Sintió como si unas manos agarraran las suyas, y ese contacto le despertó. Había un fuerte olor a manzanas en la habitación. Movió las manos y notó la cabeza de Coby junto a él. Estaban solos, pero Santiago miraba de un lado a otro como si sintiera otra presencia...
* * *
Santiago contemplaba una foto, pensaba como le había cambiado la vida en poco tiempo. Conoció a Érika, de la que nunca más se separó, tuvieron un hijo, Mark. Esa foto le traía recuerdos de la primera vez que volvieron a Madrid. Coby corría por el Parque del Retiro, se diría que conocía el camino, al llegar a un banco, se sentó debajo, Mark corrió y subió sobre el banco. Santiago y Érika se sentaron también. Justo enfrente, había un mimo, Mark le miraba boquiabierto, caminó hacia él, y le agarró las manos. Sus preciosos ojos color verde manzana no parpadeaban. Después el mimo se acercó al banco y les hizo esa foto. Santiago dió unas monedas a Mark para que las echara en el sombrero del mimo.
Realmente aquello sí fué un déjà vu.
Encarni.
martes, 1 de abril de 2014
Amigos. (El Reencuentro).
Madrid. Parque del Retiro. Mañana primaveral, Santiago se disponía como cada día a ejercer lo que había hecho su profesión. Era mimo. La crisis no perdona y está en paro. Tras su cara blanca y maquillada nunca se sabe si hay tristeza o alegría, pero él siempre sabe sacar una sonrisa a la gente... y unas monedas.
Mientras realiza su particular función, algo llama su atención, en frente, sentados en un banco, hay una pareja con un perro, algo le parece familiar..., el chico lleva gafas de sol, pero le resulta conocido. La gente aplaude y deja sus monedas en el sombrero. Santiago se acerca entonces al banco, sonríe a la pareja, ese chico..., llevaba al cuello un pañuelo azul descolorido.
Mientras realiza su particular función, algo llama su atención, en frente, sentados en un banco, hay una pareja con un perro, algo le parece familiar..., el chico lleva gafas de sol, pero le resulta conocido. La gente aplaude y deja sus monedas en el sombrero. Santiago se acerca entonces al banco, sonríe a la pareja, ese chico..., llevaba al cuello un pañuelo azul descolorido.
-Hola, dijo Santiago, recordando ya aquel viejo pañuelo. Buscó en su bolsillo una manzana, la frotó en su brazo, sacándole brillo, y se la ofreció a la chica.
-Volvemos a encontrarnos, el mundo es un pañuelo.
-Es un buen amigo, al que hacía tiempo que no veía.
-Mucho gusto - dijo la chica - y gracias por la manzana. Pero tengo que irme ya.
La chica se levantó, dió un beso a ambos y se alejó dejando solos a los chicos.
Charlaron poco tiempo, eran de pocas palabras, y ya era tarde. El chico recogió un bastón que tenía bajo el banco, agarró al perro y se puso de pié.
-Debo irme.
Abrazó a Santiago y se alejó lento. El perro guía sabía el camino de regreso a casa. El era sus ojos.
Santiago le miró confuso, los ojos brillantes, su amigo se alejó... una vez más olvidó preguntarle su nombre. Un corrillo de niños le rodeó, y vuelto a la realidad, Santiago volvió a hacer su función una vez más, dispuesto a hacer reír o llorar a su público.
Amigos. (Efímera amistad).
Ya entrada la noche, tomó su mochila, y con firmeza salió de casa, dejando atrás todas las comodidades, su familia, sus libros, su vida...,salió sin rumbo, sin mapa, sin brújula, sin futuro. Caminó sin destino durante varios días, durmió a la intemperie con la única compañía de las estrellas. Apuró el último pedazo de pan y prosiguió su marcha, atravesó pueblos que hasta entonces no sabía que existían, y a la salida de uno de ellos, sentado junto al camino, vió a un joven, más o menos de su edad. Se acercó, y vió al chico sacar varias manzanas de su mochila. La mirada le delató, tenía hambre de varios días...-¿Quieres una?, le dijo el muchacho. Él asintió con la cabeza, y se apresuró a tomar una con agradecimiento.No hablaron mucho, más bien se observaron mutuamente.
-¿Y donde vas por aquí?
-A donde me lleven los pies, ¿y tu?
-Yo regreso a casa, ya estoy cerca...
-Con esas zapatillas no llegarás muy lejos, espera...toma estas botas, yo tengo dos pares..., además tu me diste de comer, éste es mi pago.
Y juntos continuaron el camino, sin preguntarse por que se fueron de casa, intuyendo que tenían mucho en común, pero poco tiempo para conocerse. Después de dos días atravesando montes, llegaron a un río, al otro lado estaba el pueblo, destino de su ya amigo..., con un poco de tristeza, se despojaron de sus ropas y se dieron un baño, chapotearon largo rato, y rieron, sabiendo que el fín ya estaba cerca. No se preguntaron los nombres, no intercambiaron teléfonos, ni direcciones, sabían que no se verían más...
-Toma mi pañuelo, te lo regalo...
Y se alejó camino de casa. Tras andar unos pasos, se volvió y contempló a su amigo anudando su pañuelo azul a la mochila, ese lazo era como el que les uniría a ellos dos para siempre, en el recuerdo, en la distancia, en la nostalgia...
Y siguió caminando solo...
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